Quevedo, el genio

Hoy tomo prestado (pero así, por la cara, ¿eh?) esta entrada de la Curistoria que me ha encantado. Aunque mi personaje favorito sea Leonardo DaVinci, mi Leonardo, Francisco de Quevedo es otro hombre al que me hubiese encantado conocer.

Aunque igual, entre su carácter y el mío, habríamos acabado a hostias. Quién sabe.

Reproduzco aquí la entrada en cuestión:

En la España de Quevedo, en el Siglo de Oro, era común que la gente orinara en las esquinas, en los portales o en las mismas puertas de las casas. Para evitar estas evacuaciones, algunos vecinos ponían en las puertas y paredes especialmente críticas o atractivas, una cruz o algún santo.
Por lo visto, Quevedo tenía la costumbre de utilizar comúnmente un determinado portal como urinario. Un día se encontró en él una cruz y a pesar de todo, siguió cumpliendo con su costumbre, por otra parte tan natural. En su siguiente visita, junto a la cruz había un cartel con el texto: “Donde se ponen cruces no se mea”. Quevedo, que en este caso tenía claro que la gallina había sido antes que el huevo, escribió debajo: “Donde se mea no se ponen cruces”.

Lo dicho. Un genio.

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