Ainns, esos cerebros…

A causa de un comentario dejado en mi blog (no os hará falta buscar mucho, es el único que tengo :p) me he pasado por Ocurrencias Habituales a devolver la visita, y allí me he encontrado con este post.

Otra ocurrencia habitual suele ser que los ateos no entendamos las ansias ni la disposición a la fe de los creyentes y que ellos, a su vez, no entiendan (o malinterpreten) nuestra negativa a creer en dios. Que no creemos en nada, dicen. Que vivimos en las tinieblas sin dios. Que en la hora de nuestra muerte no tendremos nada que nos consuele ni seremos capaces de consolar a nadie con nuestro ateísmo.

Manuel Abeledo se pregunta por qué los creyentes son bobos. Yo tengo otra teoría.

El cerebro, la máquina maravillosa, dispone de unos excelentes mecanismos de defensa que se encargan de proteger la psique del ser humano en caso de peligro. Dichos peligros no son físicos, evidentemente, pero en caso de agravarse podrían perjudicar la supervivencia del individuo, de ahí su selección evolutiva. Un ejemplo lo tenemos en los desmayos que se producen en situaciones de estrés como al presenciar una muerte o al recibir la noticia de una tragedia, pero hay muchos mecanismos diferentes. Éstos son: represión, sublimación, regresión, proyección, negación, racionalización, inhibición y otros muchos.

Pues bien, mi teoría consiste en que la idea de nuestra próxima muerte es tan terrible y trágica que el cerebro busca desesperadamente un mecanismo de defensa, y, ¿cuál encuentra? Pues todos están a su disposición. Así, entre los más importantes, encontramos que la religión satisface los mecanismos de represión (“lo importante es que dios me ama y me lo perdonará todo”), sublimación (“no es que muera, es que voy a otro sitio más bonito y maravilloso”), regresión (“mi padre en los cielos se ocupa de todo y si soy bueno cuidará de mí”), proyección (“es mi cuerpo físico el que morirá, yo voy a seguir viviendo”) y de negación (“no es una verdadera muerte”). Se admiten discusiones en este sentido.

A alguien así le resulta poco menos que imposible entender la noción de enfrentarse a la muerte y, por lo tanto, entender el ateísmo.

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Una respuesta to “Ainns, esos cerebros…”

  1. Maverick Says:

    Muy buena lógica de esto, al menos desde ese punto de vista, yo también soy ateo, pero no ahondo mucho en las disposición de los religiosos a creer en alguien a quien no pueden ver aunque ellos aseguran sentir. Pero eso perfectamente puede ser explicado mediante una serie de eventos biológicos de tipo neuronal. En lo personal, me molesta mucho que los religiosos se puedan manejar por ahí con la tranquilidad que les da el hecho de ser creyentes e irrogarse el derecho de cuestonarte de la forma más soberbia el por qué los ateos no creen en Dios. Molesta porque a ellos habemos mucho que no cuestionamos su predisposición a creer a pesar de no tener una base lo suficientemente racional para explicarlo.
    Saludos.

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